El silencio que quedó fue denso, incómodo. Justo la observó marcharse y murmuró entre dientes, con el ceño fruncido —Está malcriada —
Y sin despedirse, se dio media vuelta y se marchó también, dejando el murmullo del mar atrás.
Milor quedó mirando la entrada vacía. Hillary, que aún seguía junto al agua, alzó la vista hacia él —¿Qué habrá pasado entre ellos? — Preguntó en voz baja, como temiendo romper el silencio del lugar.
Milor se limitó a cruzar los brazos, pensativo. Sabía bien la respuesta