El silencio que quedó fue denso, incómodo. Justo la observó marcharse y murmuró entre dientes, con el ceño fruncido —Está malcriada —
Y sin despedirse, se dio media vuelta y se marchó también, dejando el murmullo del mar atrás.
Milor quedó mirando la entrada vacía. Hillary, que aún seguía junto al agua, alzó la vista hacia él —¿Qué habrá pasado entre ellos? — Preguntó en voz baja, como temiendo romper el silencio del lugar.
Milor se limitó a cruzar los brazos, pensativo. Sabía bien la respuesta. La última vez que Ninf se había enojado con Justo, le había confesado que pensaba separarse. Pero las atenciones que él le había dado en los días siguientes, cuando la ternura y el miedo los unieron de nuevo antes del embarazo, habían bastado para que ella lo perdonara. Ahora, sin embargo, el aire parecía distinto.
Como si esa calma, igual que el mar azul, solo ocultara la corriente profunda de una nueva tormenta.
Cuando Ninf regresó a la habitación, el aire parecía más denso de lo habitual. N