El silencio se transformó en júbilo. Las hadas, los elfos, los duendes y centauros levantaron los brazos al cielo en señal de bendición. El pequeño dormía plácidamente, ajeno al caos que lo había rodeado al venir al mundo.
Mildred no pudo contener las lágrimas. Voló hasta ellos y tomó al niño en brazos, observándolo con ternura y asombro. El brillo azul de su piel mágica reflejaba la pureza del recién nacido.
Por un instante, su mirada se endureció. Melany, que la observaba de cerca, comprendió