Andy respiró hondo, el pecho le ardía, pero ya no de dolor, sino de algo más profundo; comprensión y un sentimiento del cual le decía que dejar de luchar no era lo correcto, que habían llegado muy lejos como para que él se rindiera. Las lágrimas comenzaron a deslizarse sin resistencia.
Afuera, Siria cerró los ojos, guiando con la mente a todos los presentes —Dejen que su energía lo acompañe — Susurró— Que recuerde por qué sigue de pie —
El viento sopló más fuerte, haciendo que el círculo de luz