Esa noche, un aire helado recorría el hospital. La atmósfera se volvía cada vez más silenciosa conforme se acercaba la medianoche. La mayoría de los familiares de los pacientes ya se habían marchado a sus casas, y quienes se quedaban a pernoctar dormían profundamente.
—¿Tienes hambre? —le preguntó uno de los oficiales a su compañero, con quien montaba guardia frente a la habitación de Aria.
—Bastante. Pero el relevo todavía no llega —respondió el otro, frotándose los brazos para ahuyentar el es