Elena no sabía cuánto tiempo llevaba allí sentada, contemplando la mano que Aria había sostenido. El sofá negro de la sala se sentía tan cálido, como si su propio corazón se reconfortara cada vez que recordaba ese momento. Elena jamás esperó llegar a sentirse así por alguien a quien antes odiaba tanto. Era como haber encontrado a una hermana mayor que siempre la entendía, llenando por completo su vacío interior.
Inconscientemente, una sonrisa dibujó el hermoso rostro de la mujer.
—Pareces estar