Hans permaneció en silencio en su habitación durante un largo rato, con la mirada clavada en los azulejos blancos sin pestañear. Tenía los pensamientos hechos un caos, dándole vueltas al ridículo acuerdo que Aria y su madre habían pactado.
¿Por qué habían hecho eso? ¿Acaso no habían considerado los sentimientos de Hans? Ni un poco. Ni siquiera se tomaron la molestia de pedirle su opinión o saber si estaba de acuerdo o no.
Entre más lo pensaba, más se ofuscaba. El hombre se puso de pie y se deso