Ambos se intercambiaron una sonrisa antes de que David tocara el timbre de la enorme casa. Un instante después, la puerta blanca se abrió de par en par, revelando a la hermosa señora Alexander con una radiante sonrisa.
—¡Por fin llegaron! —exclamó Shila con entusiasmo al ver a Aria y a David. Daba la impresión de que la mujer los estaba esperando con ansias.
—Buenas tardes, señora Shila —saludó David, a lo que Shila asintió con la cabeza. Sin embargo, la mujer observaba a Aria con fijeza; una c