¡¡¡CRACK!!!
La puerta del dormitorio se abrió de golpe, haciendo que Viona diera un brinco del susto.
—¡No lo hagas, Viona!
—Hans... —murmuró Viona al ver aparecer al hombre, seguido por docenas de oficiales de policía que de inmediato la rodearon por completo.
—¡Suelte el arma! —ordenó uno de los agentes con voz severa. El cuerpo de Viona comenzó a temblar descontroladamente. Y no era para menos: tenía decenas de cañones apuntándole directamente a la cabeza.
Viona tragó saliva con dificultad.