—Lamento mucho haberte causado tantas molestias.
Y, al final, una disculpa escapó de los labios de Aria. Jonatan le dedicó una leve sonrisa al ver su rostro afligido. A la edad de Aria, estar al frente de una corporación de esa envergadura definitivamente no era tarea fácil; Jonatan lo entendía a la perfección. El simple hecho de haber logrado levantar la empresa hasta ese punto ya era una hazaña digna de admiración.
—No se preocupe, señorita. La entiendo —respondió Jonatan. Acto seguido, incli