Estaba a punto de anochecer y Aria permanecía en silencio, contemplando a Juan, quien jugaba alegremente sobre la cama. Lo acompañaban varios juguetes que Aria había traído consigo para mantenerlo tranquilo.
Cada vez que Juan la miraba, Aria le dedicaba una sonrisa, pero de inmediato su rostro volvía a ensombrecerse.
Desde que Shila se había ido, Aria no se había atrevido a salir de la habitación. Específicamente, no sabía cómo dar de cara sola ante la familia de Hans, danzando todo por el hech