El día tan anhelado por fin había llegado: la boda de Hans y Aria. Los invitados comenzaban a llenar los asientos. La ceremonia al aire libre lucía deslumbrante y elegante, con el blanco como color predominante en cada rincón del lugar.
Frente al altar, Hans se veía impecable en un esmoquin negro. La sonrisa no se le borraba del rostro, aunque le resultaba imposible ocultar sus nervios. Tuvo que respirar hondo un par de veces para calmar los latidos acelerados de su corazón. Charlar un rato con