El hombre tomó la mano de Aria y la estrechó con fuerza.
—Por favor, créeme, mi amor. Sería incapaz de mentirte, te estoy diciendo la verdad —insistió Hans con una expresión de súplica, mientras sus ojos brillaban al borde de las lágrimas.
Aria no pudo aguantar más la risa al ver la cara tan cómica que tenía Hans. Empezó con una risita hasta que soltó una carcajada limpia. Él, por su parte, se quedó con una cara de despiste tan boba que solo logró que Aria se riera por más tiempo.
—¡Oye! ¿De qu