Elena respiró hondo antes de entrar a la oficina de su esposo. Colocó una bandeja con dos tazas de té caliente y algunos bocadillos sobre la mesa redonda, no muy lejos del escritorio de Jayden.
—Dijiste que te tomarías unos días libres por nuestra boda, ¿entonces por qué sigues trabajando? —preguntó Elena, cruzando las piernas mientras se recostaba en el sofá.
—Hay cosas que no se pueden posponer, mi amor. Lo siento —dijo Jayden, con el rostro reflejando culpa.
Elena tenía razón. Deberían estar