Aria gimió suavemente cuando la conciencia comenzó a invadirla, y al recorrer la habitación con la mirada, sus ojos se abrieron de par en par. Se levantó de la cama, sintiéndose mareada.
—¡Auch! —La mujer se quejó de dolor, sintiendo una punzada molesta que irradiaba desde su centro.
—Oh, Dios mío, ¿qué pasó? —se preguntó Aria, sin estar segura de a quién se refería. Era la única en la habitación. Miró a su alrededor, preguntándose dónde diablos estaba.
Un tenue sonido de agua corriendo se escu