—Parece que estás realmente borracha —murmuró él, y sin pensarlo dos veces, el hombre levantó a Aria cargándola al estilo nupcial. La sacó del café y la llevó hasta su auto.
—¿A dónde me llevas? —preguntó Aria con la poca conciencia que le quedaba. El hombre no respondió; en su lugar, se inclinó más cerca de ella. El dulce aroma a vainilla inundó sus fosas nasales, frustrando aún más a Aria. Pensó que él podría besarla, pero no lo hizo. Simplemente estaba abrochando su cinturón de seguridad. De