ALEXANDER HAMPTON
— ...un viejo como tú.
Parpadeé.
¿Viejo? Tenía poco más de treinta años.
— ¿Viejo? —repetí, sintiendo una risa seca subir por mi garganta.
— Sí. ¿Debes tener qué? ¿Cuarenta? ¿Cuarenta y cinco? Ya hueles a jubilación y crisis de mediana edad. —Sonrió, creyendo que había tocado una herida—. A Lizzy le gusta la energía, amigo. La juventud. Alguien que pueda seguir su ritmo, no alguien que necesite dormir a las diez de la noche.
Respiré hondo, controlando las ganas de remode