Pareja 2: 15 - Gracias por los consejos financieros
ELIZABETH WINTER
Yo canturreaba bajito mientras doblaba, o mejor dicho, arrugaba, un vestido de seda negro y lo lanzaba en mi maleta Rimowa. San Francisco. ¿Quién lo diría? La ciudad donde me dejaron plantada por primera y única vez estaba a punto de verme de nuevo. Los detalles aún estaban borrosos, pero el objetivo era claro: Alexander Hampton.
Ya habían pasado unos días desde que huyó —porque seamos honestos, fue una huida— a la Costa Oeste