ALEXANDER HAMPTON
— ...creo que estoy enamorada de ti, Alexander.
Sus palabras dejaron el aire enrarecido en mi oficina. ¿Enamorada? ¿De mí?
La miré fijamente, sintiendo mi boca ligeramente entreabierta, mi cerebro intentando desesperadamente encontrarle sentido a aquello. Mi primera reacción fue escepticismo. Era otro jueguito. Tenía que serlo. Una escalada en su bizarra campaña para irritarme o seducirme, o ambas. Estaba jugando la carta más inesperada de todas.
Pero entonces... la miré a los