DAMIAN WINTER
La casa estaba silenciosa.
Stella había salido con Leah y Lizzy para una tarde de compras, un ritual que habían instituido cada quince días y que generalmente terminaba con mi tarjeta de crédito pidiendo clemencia. No me importaba. Verla feliz, despreocupada, rodeada de amigas, era un lujo por el que pagaría cualquier precio.
Desde la puerta de mi despacho, podía escuchar las voces de mis hijos en la sala de estar. Larissa jugaba con ellos, y el sonido de sus risas era la banda so