STELLA HARPER
El tiempo era un verdugo.
Cada minuto era una prueba para mis nervios ya destrozados. Las horas se arrastraban con una lentitud cruel, estirando la mañana en una eternidad de incertidumbre. Damian había salido poco después de las ocho. Ya pasaba de la una de la tarde.
Elaine estaba tan nerviosa como yo, pero intentaba disimularlo con una calma forzada que no engañaba a nadie. Preparó té, arregló flores que no necesitaban ser arregladas y limpió encimeras que ya brillaban por el tr