DAMIAN WINTER
El dolor fue como la patada de una mula, y lo sé porque una me pateó en la adolescencia. Un impacto brutal que me robó el aliento y me hizo ver estrellas. Caí de rodillas, con el sonido del disparo retumbando en mis oídos, ahogando los gritos de los policías que irrumpían en la sala. Mi mano voló hacia mi pecho, un acto reflejo para contener una herida que, para mi jodida suerte, no estaba ahí. Mis dedos presionaron la tela de la camisa, sintiendo el chaleco debajo y la deformidad