El mundo de Asha se sintió roto, quebrado en mil astillas invisibles que le cortaban el alma desde adentro.
El impacto de aquellas palabras, pronunciadas con voz suave, pero llena de veneno, fue como una puñalada directa a su corazón.
Iker y Belén iban a tener un hijo.
Y, sin embargo, todo lo que Asha podía pensar era en lo que ella había perdido.
«Van a ser padres», pensó, con el estómago retorciéndose. «Van a traer una vida al mundo… pero por culpa de ellos, mi hijo murió.»
No dijo nada. El si