—¡Asha! ¡Asha, por favor, vuelve!
La voz de Iker retumbó por todo el salón como un eco desesperado, rompiendo el silencio tenso que había dejado el escándalo.
Sus pasos rápidos intentaron seguirla, pero antes de que pudiera cruzar la puerta, una mano firme lo detuvo con violencia.
Federico Durance.
El hombre lo miró con una mezcla de rabia y dignidad herida. En su mano temblaba un sobre. Iker intentó zafarse, pero Federico se lo lanzó contra el pecho con fuerza, obligándolo a tomarlo.
—¿No te lo