—Está bien, no diré nada.
Melissa esbozó una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
—Te ayudaré con Clark, confía en mí.
Y con esa promesa susurrada como veneno envuelto en miel, se fue, dejando a Samantha sola en la habitación. La joven tragó saliva, un escalofrío recorriéndole la espalda. No era confianza lo que sentía, era miedo. Un miedo seco, punzante, que se le anidó en el pecho como una garra.
—Si Federico descubre que Ellyn está embarazada, no querrá dejarla —susurró para sí misma, apretando l