Clark se encontraba apostado fuera del hotel donde Ellyn se hospedaba.
El motor de su coche estaba apagado, pero su mente rugía con pensamientos que no le daban descanso.
Llevaba horas allí, observando cada movimiento, como un centinela silencioso, atormentado por una verdad que le calaba el alma.
“Federico… es el padre del bebé de Ellyn”, pensó, con los dientes apretados.
Cerró los ojos con fuerza, como si pudiera borrar esa revelación de su cabeza, pero era inútil. La verdad se había enraizado