Ellyn no podía dejar de llorar.
Las lágrimas le corrían por las mejillas como si su alma se estuviera deshaciendo por dentro. Su pecho subía y bajaba con violencia, atrapada en el torbellino de una tormenta que no había visto venir, pero que ahora la consumía entera.
Frente a ella, Sebastián intentaba hablar, pero las palabras se le enredaban en la garganta. Entonces, tomó a Melissa por los brazos, tratando de apartarla con suavidad, de calmarla, de impedir que el fuego que veía en sus ojos sigu