—¿Por qué la tonta de Ellyn no le ha dicho nada a Federico sobre el bebé? ¿O es que…? ¿Acaso ese bastardo no es hijo de Federico? —murmuró Samantha frente al espejo, aplicándose carmín rojo con una sonrisa amarga—. Debo aprovechar la maldita culpa de Federico, antes de que Ellyn vuelva a meterse entre los dos.
Se retocó el cabello, se arregló el maquillaje con precisión quirúrgica. Aquella noche tenía que brillar. La fiesta no era solo un festejo: era una declaración de guerra disfrazada de comp