Sebastián salió de la habitación con el corazón encogido. No soportaba verla tan frágil, tan distante… y saber que no podía hacer nada para alcanzarla.
Aun así, se obligó a mantenerse firme, como si fingir que todo estaba bien bastara para sostener los pedazos rotos de su matrimonio.
Poco después, la doctora volvió a entrar con paso decidido, pero con una suavidad en la mirada que denotaba la gravedad del momento. Melissa seguía recostada, con los ojos vidriosos, aún abrumada por la presión de t