Ellyn acomodó el cabello de Asha con dulce ternura, mientras la niña sonreía.
Afuera, el sol de la mañana bañaba la entrada de la nueva guardería con una calidez y un viento fresco soplaba.
La niña brincaba de emoción, con su mochila rosa a la espalda y sus zapatillas nuevas que hacían ruiditos al pisar.
—Mi amor —dijo Ellyn, agachándose a su altura—, mami, vendrá por ti más tarde, ¿sí? Pórtate bien, escucha a tus maestras… y recuerda que te amo muchísimo.
Asha asintió con una sonrisa radiante,