Cuando la fiesta terminó, con las luces apagándose una a una y la música desvaneciéndose como un suspiro largo, los recién casados emprendieron su viaje hacia la luna de miel.
Entre abrazos, risas y bendiciones, fueron despedidos por familiares y amigos con alegría y esperanza.
Melissa, sin embargo, guardó silencio sobre aquel instante incómodo, casi irreal, en el que Sebastián intentó detenerla antes de la ceremonia.
No se lo contó a nadie.
No valía la pena.
Él había sido una sombra del pasado