— ¡Espera, espera! ¡Estoy herido! — Gritó Marcus desde el suelo, siendo arrastrado por el pasillo de la capilla, Bastián se detuvo. — ¡Si me encierran así, moriré por una infección o por la perdida de sangre! ¡Deben llevarme a un hospital primero, para curarme! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Se los suplico!
— Oh, cierto, no somos tan insensibles, Marcus, como para dejarte encerrado con una herida abierta, pudriéndote lentamente… — Carmen se acercó a Marcus, se agachó junto a la herida, la observó po