— Mi… ¿Mila? — Balbuceó Marcus, Incrédulo.
La pobre chica, tiesa en el umbral de la puerta, sí que parecía un fantasma, blanca como un papel, sumamente delgada, ojerosa, con el cabello opaco y quebrado recogido en una coleta torcida, el niño se veía en mejor condición, pero aun así bastante delgado.
Lo único que se veía en buen estado en la mujer y el pequeño niño, era la ropa que usaban y se notaba a leguas que era nueva, recién comprada.
— Marcus… — Susurró Mila, al tiempo que los ojos se