— Para que seas capaz de hacer esto… Solo puede significar que ya… No sientes ni una pizca de respeto hacia mí… O aún mejor… Ya no me tienes miedo… — Concluyó Bastián irguiéndose de manera imponente.
— No le estoy robando, tío, porque esto no le pertenece… — Gruñó Marcus desde el mismo lugar, todavía aferrado a la carpeta. — Estos papeles son de mi prometida y ella los necesita, por eso yo…
— Claro y como siempre… Tú eres su caballero salvador, ¿no? — Lo interrumpió Bastián con evidente iron