En medio de ese minuto de silencio, como si estuviera hipnotizado, Bastián comenzó a acercarse a Carmen, inclinándose lentamente hacia ella, sin dejar de observarle rostro, pero sobre todo, sin dejar de detallar sus rosados, tentadores y pulposos labios.
— ¿Dónde has estado? — Preguntó Carmen, repentinamente, nerviosa.
— ¿Qué? — Bastián se detuvo abruptamente, ante la repentina pregunta.
— Es que no te había visto desde hace tiempo, desapareciste y ahora que volviste, que por fin te veo de n