De nuevo, apareció el recuerdo de Carmen con esa expresión cruda y llena de rabia, la mujer que él amaba, hablándole con odio.
La sangre de Bastián seguía hirviendo, el dolor que él sentía en el pecho se sentía incurable.
Trago tras trago, el licor en la botella seguía disminuyendo, pero parecía que el whisky nunca haría su efecto, de hacerlo olvidar, de borrarle la consciencia y calmar el ardor que lo quemaba por dentro.
Con la rabia intacta, Bastián volvió a recordar el momento en el que C