—Lucía, te quiero en mis brazos —susurró Noah mientras nos fundíamos en un abrazo.
Mi mente no callaba, las palabras en mi cabeza eran un torbellino. La sorpresa era una guillotina suspendida, pidiéndome a gritos que viera toda la historia desplegarse ante mí. Noah me había dicho que me amaba, pero yo aún no había decidido estar en sus brazos. Sin embargo, me sentía extasiada, como si la vida no pudiera tocarme, como si fuera invencible en ese instante suspendido.
Él me abrazó con tanta ternura