El investigador privado siguió a Noah a todas partes, capturando fotos y vídeos cada vez que se detenía en un semáforo o hacía un giro. Tenía que ser cuidadoso; un descuido con su equipo podría costarle el trabajo. Sin embargo, la paga era generosa y se acumulaba rápidamente. Debía esmerarse, valía la pena.
Se estacionó sin ser detectado al ver que Noah hacía lo mismo. Le sorprendió que un hombre de su categoría se adentrara en un barrio tan humilde.
—A ver, señor Duarte de León… Muestre lo que