Uno de los dones con los que había nacido Ofelia Ortega del Pino era el de atraer miradas. No existía persona que no girara a verla en cuanto su presencia se hacía notar. Alta, aproximadamente 1,80 metros de estatura, esbelta y de porte gallardo, dejaba su huella a su paso, impregnando el aire con el exquisito aroma de Shumukh, el perfume más caro del mundo, originario de los Emiratos Árabes.
—Pase, por favor, señorita Ortega del Pino. Su acompañante ya la espera en la mesa —dijo el mesero con v