Aquella tierna y genuina sonrisa que me dedicaba ese hombre me partió en dos.
—Si sigues mirándome así, terminarás con mi estabilidad emocional —murmuré.
—Tú me volaste la cabeza con solo mirarte —sus palabras desarmaban las mías con una fuerza implacable.
—No quiero que te hagas falsas expectativas conmigo… No te lo niego, eres un hombre muy atractivo, cualquiera mataría por estar a tu lado… Tus ojos son imanes, así que solo… —Gabriel no me dejó terminar la oración.
—Cualquiera menos tú… Eso n