—¿Debo sentir miedo? —se preguntó Anastasia Ruiz cuando se detuvo frente a la puerta de la oficina del presidente ejecutivo. Los nervios amenazaban con quebrantar su serenidad.
—¿Será un recorte de personal el motivo por el que me llamaron? —las voces en su mente socavaban su entereza. —No, no puede ser eso. A la compañía le va demasiado bien —reflexionó, tratando de calmarse.
Las dudas se disiparon cuando escuchó su nombre.
—Pase, el señor Duarte de León la espera —le informó la asistente.
Ana