ADAM
—Los veo en la tarde mis tesoros—Holly beso a los niños—, pórtense bien, no se alejen de Adam, recuérdenle que no les compre dulces ni gaseosas.
—Sí, mami.
—Bien—jadeó ella—. Bye Rory, diviértete.
—Claro.
Luego se volvió hacia mí.
—Adiós—se bajó del auto y yo tras ella.
—De verdad piensas irte así.
Se acomodó el abrigo.
—No me digas que no tienes suficiente.
¿Suficiente?, nunca tendré suficiente de ella.
La arrastré del abrigo hacia mí, su cuerpo chocando con el mío con brusquedad.
—Te gus