Se estaciona y me ayuda a bajar, besa el dorso de mi mano y me mira fijo a los ojos.
—Ha sido un placer estar contigo, Preciosa.
Yo todo lo que hago es perderme en ese mar profundo que tiene por ojos y asiento como una tonta, más ninguna palabra sale de mi boca y es cuando debería decirle…
«¡Sí, papi...!, me encantas, me enloqueces. Hazme tuya una vez más aquí mismo si así lo deseas. O mejor subamos a mi departamento para estrenarlo como es, antes de entregarlo»
—¿Me prestas tu celular, por fa