Capítulo 23
La pantalla del móvil parpadeaba con insistencia. Una llamada.

Leonard dudó en responder. Eran de madrugada, y la ciudad dormía bajo una lluvia fina que apenas tocaba las ventanas. Su pecho, aún agitado, se elevaba con dificultad. Tenía el rostro empapado y las manos temblorosas.

Deslizó el dedo.

—¿Hola?

Hubo silencio. Y luego, un veneno que se deslizó por su piel sin ser visto:

—Hola, Leonard. Te he extrañado tanto.

El tiempo se detuvo.

El agua del grifo seguía corriendo, pero no la escuchó. No
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