Abril estaba envuelta en una manta gris, sentada en el sofá con las piernas cruzadas y una copa de vino entre las manos. Tenía el cabello suelto, un poco húmedo aún por la lluvia londinense y el televisor mostraba un documental aburridísimo.
La puerta de su casa sonó y afanada revisó de quién se trataba. Era Alexander sosteniendo una caja de pizza. Le abrió la puerta.
—¿Margarita con extra de queso? —preguntó con una sonrisa mientras entraba y dejaba la bandeja sobre la mesa.
—Gracias —respondi