NARRADOR OMNISCIENTE
Los truenos no cesaban, la lluvia pronto se convirtió en tormenta, una que solo atemorizaba más y más a la pequeña niña. Había perdido la noción del tiempo en cuanto la encerró su padre en aquel sitio oscuro, húmedo y lleno de un hedor que hacía que tuviera arcadas, y es que, dentro de aquel sótano, yacían los restos defécales de ella misma, mismos que solo eran de semanas, incluso meses.
—Prometo ser buena —sollozaba una y otra vez.
El miedo la paralizaba, la golpiza que h