ELAXI
—¿Hay alguien aquí?
Escucho la voz de una chica, la luz de una linterna se desplaza por la oficina como un vals entre la penumbra. No tengo certeza de si mi corazón se acelera debido al asalto de estas personas que ingresaron a la universidad con el fin de amedrentar a la mayoría de los estudiantes, o si es por la erección de Ozzian que se vuelve cada vez más dura.
«Sí, pero él te asfixió»
La voz de la razón resuena entre las paredes de mi cabeza, provocando una fractura que me reorienta a la realidad de las cosas.
—Sal, dónde pueda verte, no lo repetiré dos veces —sisea la mujer.
Todo mi cuerpo es una fibra nerviosa que en cualquier momento va a colapsar. Tengo la sensación de que el alma se me cae a los pies al percatarme de que se aproxima a pasos rápidos, pero seguros, a donde estamos. Ozzian sigue cubriendo mi boca con la palma de su mano, mientras rodea mi cintura con su brazo, impactándome en su cuerpo y, por lo tanto, en su gruesa erección.
—Contaré hasta tres y saldrás,