ELAXI
Nunca he estado en una situación más incómoda que en esta, sentada delante de la madre de Ozzian, quien no deja de ver con anhelo a este, mientras que él la observa de manera despectiva. Siendo su madre, se esperaría cualquier cosa, menos como si fuera a sacarle las entrañas.
Ozzian me ha obligado a permanecer a su lado, no obstante, el odio que irradia, me empuja a permanecer quieta en mi sitio, casi aguantando la respiración.
—Ozzian —rompe el silencio la pobre mujer, colocando las manos temblorosas sobre la mesa, como si quisiera tocarlo y al mismo tiempo ahuyentarlo.
—No digas mi puto nombre —espeta él con rudeza.
Ella parece dar un respingo mientras regresa sus manos a su propio regazo. El nuevo silencio que se instala es ensordecedor y me abruma. Sus ojos ahora se anclan en mí.
—¿Quién eres? —me pregunta.
—Soy Elaxi.
—No es algo que deba importarte —interviene él, se inclina hacia delante, llamando la atención de su madre de nueva cuenta—. Quiero que vayas al hospital, tie