NARRADOR OMNISCIENTE
—¡Maldito mentiroso, te voy a matar, hijo de perra!
Ozzian había perdido el control al escuchar las palabras que le dijo Kabil. Sentía que debía matar a su amigo por decir aquella blasfemia, porque, pese a que él hacía todo lo posible por explicarle las cosas, mientras Marvin impedía que lo moliera a golpes, no escuchaba razones.
—¡Ela no está muerta! —gritaba Ozzian con la vista nublada.
—Pero lo está, y no hay nada que tú o yo podamos hacer al respecto, a menos que seas Dios y la traigas de vuelta —respondió Kabil con un brillo de compasión en los ojos.
Pero con lo que no contaba ninguno de los dos era con la fuerza bruta que tenía Ozzian. En medio de su dolor, al imaginar un mundo sin aquella chica castaña de ojos verdes, perdió todo sentido de la razón. Alterado, dio un cabezazo hacia atrás, rompiéndole la nariz a Marvin, quien comenzó a sangrar.
—¡Mientes, ella no está muerta, ella no está muerta!
Ozzian sostuvo del cuello de su camisa a Kabil, atestándole el