El miércoles amaneció con una frialdad que parecía filtrarse hasta los huesos. Valeria se encontraba en el apartamento de Enzo, observando fijamente la pantalla del portátil mientras Viktor terminaba de compilar la información que había estado recopilando durante las últimas cuarenta y ocho horas. Las líneas de código verde parpadeaban en la pantalla negra, revelando datos que desafiaban toda lógica.
—Es imposible —murmuró Valeria, negando con la cabeza mientras se apartaba de la pantalla—. Tien