Valeria despertó con el mensaje de Franco grabado en las retinas.
Seis días.
Las palabras habían reptado por su mente durante toda la noche, entrelazándose con fragmentos de sueños donde rostros sin forma la perseguían por pasillos interminables. Había dormido mal, despertando cada hora con el corazón acelerado y la certeza de que algo terrible estaba por suceder.
Junto a ella, Enzo respiraba con el ritmo constante del agotamiento profundo. Valeria observó su perfil en la penumbra del amanecer: